Más de un tercio de quienes siguieron la dieta mediterránea revirtieron el síndrome metabólico, según estudio UC

29 de Mayo 2026

La investigación concluyó que el 36% de quienes realizaron esta dieta por seis meses, logró superar el síndrome –que afecta al 40% de la población adulta en Chile–, reduciendo su circunferencia de cintura y los niveles de triglicéridos y de glucosa en la sangre. “Esto demuestra que no necesitamos dietas muy restrictivas, sino promover un patrón rico en nutrientes como la dieta mediterránea adaptada al país”, comenta el Dr. Attilio Rigotti.

Un 40% de la población adulta en Chile presenta síndrome metabólico, definido como un grupo de trastornos que se manifiestan de forma simultánea (presión arterial elevada, exceso de grasa corporal cintura nivel abdominal, niveles altos de azúcar en sangre, triglicéridos elevados y niveles anormales de colesterol), y que aumentan el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2 y cáncer.

Ante este escenario de salud pública, un estudio de la Escuela de Medicina UC concluyó que más de un tercio de la población con síndrome metabólico se podría ver beneficiada en este ámbito al adoptar una dieta mediterránea, cuya base son las frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, carnes magras, lácteos descremados y fermentados y alimentos ricos en grasas saludables como aceite de oliva, palta, frutos secos y productos marinos.

En particular, la investigación —publicada recientemente en la revista Clinical Nutrition ESPEN de la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo— siguió por seis meses a un grupo de 156 personas chilenas entre 25 y 70 años con síndrome metabólico a las que se les asignó aleatoriamente una de las siguientes dietas: dieta baja en grasas, dieta mediterránea y dieta mediterránea incorporando apoyo psicológico en el proceso.

Los resultados concluyeron que un 36% de quienes adoptaron la dieta mediterránea (con y sin apoyo psicológico) lograron revertir el síndrome metabólico, reduciendo su circunferencia de cintura, así como los niveles sanguíneos de triglicéridos y de glucosa. En contraste, solamente el 11% de quienes siguieron la dieta baja en grasas lograron este resultado.

El Dr. Attilio Rigotti, investigador principal del estudio y académico de la Escuela de Medicina UC, señala que estos resultados son un insumo para tomar en cuenta en las Guías Alimentarias para Chile elaboradas por el Ministerio de Salud: “Este protocolo demuestra que no necesitamos dietas muy restrictivas, sino que debemos promover un patrón rico en nutrientes y alimentos saludables como la dieta mediterránea adaptada al país, que constituye una estrategia escalable tomando en cuenta nuestro contexto agroalimentario y la necesidad urgente para combatir las enfermedades crónicas en Chile”.

Charquicán y caldillo también es dieta mediterránea

Un prejuicio recurrente ante la dieta mediterránea es que se basa en productos de otra región del mundo y de alto precio. Ante este sesgo, el Dr. Rigotti apunta que, aparte del sur de Europa, existen cuatro ecosistemas mediterráneos en el mundo: California, Sudáfrica, Australia y la región central de Chile.

En nuestro país, un 90% de los alimentos que producimos y exportamos forman parte de una canasta mediterránea. Además, si uno va a los platos de la cocina tradicional chilena, como el pebre, el charquicán, el caldillo o el mote con huesillo, son todas preparaciones que usan ingredientes y técnicas mediterráneas, sin embargo, no las tenemos concientizadas como tales”, explica el académico.

En concordancia con este panorama, los participantes del estudio incluyeron en su dieta productos locales como palta, aceite de oliva o canola, jurel o atún en lata, legumbres, frutos secos como avellanas chilenas, junto con frutas y verduras.

“Siendo Chile un importante productor de alimentos de tipo mediterráneo, debemos aprender a aprovecharlos de forma inteligente para manejar los costos. De hecho, la dieta mediterránea no es necesariamente más cara si, por ejemplo, reemplazamos las carnes más grasas y pescados frescos por legumbres como porotos, garbanzos o lentejas, pescados enlatados, aceite de canola y frutas y verduras de temporada, los cuales no solo aportan proteínas de excelente calidad, grasas saludables, antioxidantes y mucha fibra, sino que además tienen un costo económico menor para el bolsillo familiar”, dice el Dr. Rigotti.