Estudio detecta fallas en examen preventivo que se realizan miles de chilenos en la atención primaria

5 de Mayo 2026

El Examen de Medicina Preventiva del Adulto (EMPA) está diseñado para detectar precozmente enfermedades crónicas, como diabetes e hipertensión, así como cáncer de mama o cérvicouterino. Sin embargo, una investigación académica de la UC reveló que el examen, tal como se aplica hoy, presenta falencias estructurales que reducen dramáticamente su efectividad.


Cada año, miles de personas en Chile se realizan el Examen Médico Preventivo del Adulto (EMPA), en la atención primaria de salud. Este examen tiene como objetivo diagnosticar precozmente enfermedades crónicas, como diabetes o hipertensión en pacientes asintomáticos, aunque también se utiliza para detectar patologías como el cáncer de mama o el cáncer cérvicouterino.

El EMPA no consiste en un acto único, sino que involucra una serie de acciones, en un proceso denominado “cascada diagnóstica”. Comienza con una consulta inicial que se realiza normalmente en el Cesfam, donde se miden parámetros básicos (peso, presión arterial, antecedentes). A partir de esa evaluación, se derivan exámenes complementarios —toma de sangre, mamografía, Papanicolaou, entre otros— que permiten confirmar o descartar sospechas detectadas en la primera visita.

Sin embargo, la “cascada diagnóstica” no se cumple, ya que la mayoría de los pacientes no asiste a las otras citas más allá de la inicial.

Este problema fue identificado por investigadores de la Universidad Católica y la Fundación Ancora UC, quienes a través de un estudio determinaron que, en una cohorte de 36.000 pacientes analizada en 2024, solo el 15% terminó todo el proceso del EMPA; mientras que el 85% se quedó en la primera consulta.

Una ilusión de cobertura

Ese abandono tiene efectos concretos: el sistema público contabiliza la meta como cumplida, con la sola asistencia a la consulta inicial. De esta forma, se genera la ilusión de cobertura sin garantizar resultados clínicos: casos con sospecha de enfermedad quedan sin confirmación ni tratamiento oportuno.

“Este tipo de incentivo genera una inercia operativa en los equipos de saluddonde el cumplimiento del indicador se transforma en un mandato que prioriza el volumen por sobre el impacto clínico. Esto dificulta integrar el sentido más profundo del quehacer sanitario, que es poner a la persona en el centro, acompañando de manera efectiva su proceso de diagnóstico y cuidado”, explica Teresita Varela, una de las investigadoras de este estudio y académica de la División de Medicina Familiar y Comunitaria UC.

Como consecuencia, se estima que una parte significativa del presupuesto que se asigna a este ítem se desaprovecha y que al menos la mitad de la población que inicia el EMPA podría tener alguna sospecha que nunca se esclarece.

Este relato cotidiano ilustra la brecha: “Nicolás” es un paciente que acudió al Cesfam a realizarse el EMPA, y dentro de su “cascada diagnóstica”, fue derivado a una toma de sangre disponible solo en horarios y días restringidos. Como estos no se ajustaban a su disponibilidad laboral, por razones de tiempo y logística no pudo completar el examen y abandonó el proceso. Historias como esta se repiten y reflejan barreras operativas —turnos incompatibles con jornadas laborales, cupos limitados, exigencias de presencialidad— que dificultan el seguimiento.

Piloto en ocho Cesfam triplicó las atenciones reales

Frente a este escenario, los investigadores UC diseñaron y probaron durante 2025 una intervención concreta: un plan piloto en ocho Cesfam del país, donde se asignó a un Técnico en Enfermería de Nivel Superior (TENS) para acompañar y gestionar las derivaciones del EMPA. El TENS actuó como “enlace” entre la consulta inicial y los exámenes y citas siguientes.

El TENS contactaba telefónicamente al paciente, agendaba sus servicios según su disponibilidad de tiempo (priorizando múltiples exámenes en un mismo día), realizaba seguimiento posterior, entregando resultados y coordinando los siguientes pasos de acuerdo con el protocolo clínico. De esta manera se evitan filas, costos de transporte, facilita la asistencia a la ‘cascada diagnóstica’ y mejora la experiencia de las personas”, detalla Paula Zamorano, investigadora de la Facultad de Medicina y de la Escuela de Salud Pública.

Los resultados del piloto fueron notables. De aproximadamente 3.000 EMPA realizados en esos centros, se triplicó la proporción de personas que completaron la “cascada diagnóstica” y, por lo tanto, pudieron confirmar o descartar la presencia de enfermedad. Estos hallazgos demostraron que la intervención no solo es factible sino también efectiva para transformar la detección preventiva en diagnósticos reales y acciones de salud concretas.

La evidencia fue presentada al Ministerio de Salud y los resultados serán incorporado a las políticas públicas dentro de un programa llamado “Más salud en comunidad”. El estudio fue financiado mediante donaciones de Boehringer Ingelheim.