Nicolás Mena en el Himalaya

Nicolás Mena viajó a la cordillera del Himalaya como médico de expedición

Nicolás Mena, docente colaborador de la Sección de Medicina de Urgencia UC, estuvo casi dos meses en el Himalaya acompañando al montañista Juan Pablo Mohr y al fotógrafo Juan Luis Deheeckeren, entre el campo base y los campamentos de altura del Dhaulagiri (‎8.167 msnm). 

 

Fecha: 6 de julio 2018

¿Cómo te contactó Juan Pablo Mohr para que lo acompañaras en su expedición en el Himalaya?

En el equipo chileno éramos tres los integrantes; Juan Pablo Mohr (montañista), Juan Luis Deheeckeren (fotógrafo) y yo (médico). Los tres fuimos amigos y compañeros de colegio hasta los 12 años, y en 2017 nos reencontramos escalando y subiendo algunos cerros. Ahí Juan Pablo me pidió que lo acompañara como médico en esta expedición.  

Este desafío debió haber implicado preparación física y profesional, ¿cómo fue el proceso? 

Eso fue lo más difícil, prepararme físicamente para intentar estar a la par de Juan Pablo y Juan Luis. Normalmente me mantengo haciendo deporte, pero los meses previos me tuve que aplicar y organizar más. Desde el punto de vista médico, he ido enfocando mi carrera hacia la medicina de montaña, de hecho, durante mi residencia en la UC hice un electivo de medicina en lugares remotos en la Universidad de Nuevo México, y una vez terminada empecé a trabajar con colegas interesados en medicina de montaña y formamos el GREMM (Grupo de Rescate Médico de Montaña). 

¿Cuáles eran los principales riesgos del viaje? 

En las expediciones en el Himalaya se viven grandes riesgos todos los días, y que en su mayoría son evitables si se hacen las cosas bien. Todos los días escuchábamos y veíamos avalanchas que por suerte nunca nos alcanzaron, nos enfrentábamos a grietas con varios metros de profundidad y que en invierno son tapadas por la nieve. En más de una ocasión tuvimos que saltar grietas cercanas al metro y medio, asegurándonos con distintas técnicas de progresión en glaciar.  

¿Qué patologías se pueden dar en una expedición de este tipo y cuáles efectivamente se dieron?

Lo más común son las gastroenteritis aguda, intoxicación alimentaria, infecciones cutáneas por picaduras, resfrío común, bronquitis aguda y neumonías. Además está el riesgo de mal de altura, hipotermia, lesiones por congelamiento, esguinces, fracturas, luxaciones y politraumatismo.

Por suerte gran parte de ellas se pueden prevenir con una buena aclimatación, equipo y abrigo adecuados y siendo precavidos. Así pudimos zafar de casi todos estos problemas, con excepción de un mal agudo de montaña al inicio del viaje, pero que se pudo solucionar sin mayor dificultad. El resto fueron casos de diarrea, vómitos, bronquitis por altura, ampollas y lesiones traumatológicas menores. Eso sí, me tocó atender a montañistas de otras expediciones con neumonías, una fractura de peroné, lesiones por “pre-congelamiento”, entre otras.

¿Cuáles fueron los principales desafíos?

Toda la experiencia fue un gran desafío. Es la primera vez que participo como médico de una expedición y que estoy a cargo de un grupo de montañistas “ochomilistas”. No existe una guía sobre cómo hacer las cosas, entonces todo fue, desde el principio, muy desafiante. Tuve que entrenarme y exponerme a la altura para ver si iba a ser capaz de aclimatarme para los 6.000 msnm que era mi objetivo de ascenso, también tuve que preparar mí maletín lo más consciente posible, ya que lo que no llevara simplemente no lo iba a tener y, a su vez, mientras más cosas llevara, más peso iba a cargar. 

Pero la verdad, lo más intenso fue la estadía en el campo base. Ahí estuvimos la mayor cantidad de la expedición esperando las ventanas de buen tiempo que nos permitieran subir a los campos de altura. Esa espera necesitó de mucha paciencia y paz mental, porque empiezas a recordar a tu gente y dan ganas de volver. Ahí sólo queda tranquilizarse, vivir el presente, darse cuenta de lo increíble que es la montaña, maravillarse con escenas cotidianas como el glaciar cayendo desde la altura y que se cubría de nieve cada tarde, iluminado por la luna llena y más adelante por las estrellas. Ver esa cumbre a 3.000 mts sobre desnivel, que te desafía y a la vez te llama a tener cautela, porque ahí ves el viento como le pega y se eleva la nieve decenas de metros, alertándote de los peligros, que son reales… y eso, finalmente, te llena de vida. Y así los desafíos se transforman en tremendos aprendizajes.  

¿Qué otros momentos duros les tocó vivir?

Cuando supimos de la muerte de Simone La Terra, montañista italiano con quien compartimos en el campo base. Fue muy triste su pérdida, pensamos mucho en su familia y seres queridos, quienes tendrían que lidiar con su ausencia. También fue un golpe de realidad, darse cuenta que los peligros en la montaña están ahí, que quien compartió contigo tantos días ya no está, que pequeñas decisiones pueden significar la muerte en ese ambiente que es muchas veces hostil. 

A pesar de las dificultades y momentos de conmoción como el que acabas de contar, me imagino que el viaje debió estar lleno de grandes momentos también, ¿cuáles fueron los mejores? 

Es difícil responder esta pregunta, porque cuando miro hacia atrás, mi cabeza se llena de buenos recuerdos y ricas sensaciones. Principalmente recuerdo la interacción con el equipo, las comidas y juegos. Conversaciones en las que, dado lo complejo del escenario, nos obligaban a hablar de temas importantes, como la muerte y la vida. Da para largo explicar todo lo que estábamos viviendo, pero hubo una conversación donde hablamos de lo riesgoso que era un nuevo intento de cumbre al final de la temporada y en solitario. No tenía dudas de las cualidades de Juan Pablo, pero las condiciones externas de la montaña eran realmente peligrosas como para que intentara un ascenso sin nadie más, en ese momento se decidió que esta aventura llegaba a su fin. Esa conversación significó mucho para mí y, si bien fue el momento más duro de la expedición, creo que fue a su vez el que más nos hizo crecer como grupo y personas. 

Desde el punto de vista personal, esta experiencia significó mucho. Volver a compartir con amigos de la infancia que hace un buen tiempo no veía, además fue una tremenda oportunidad. Y el viaje en sí, que siempre trae aprendizajes, la posibilidad de ver cosas nuevas y desde otra perspectiva, volver a conectarse con uno mismo y entender así las cosas que realmente importan y valen la pena.

Fotografías: Juan Luis Deheeckeren

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